¿Hacia dónde va Chile? El debate sobre los ciclos políticos y la gobernabilidad
Parla cumplió 11 años y el Gobierno sus dos primeros meses.
Parla cumplió 11 años y el Gobierno sus dos primeros meses.
Parla cumplió 11 años y el Gobierno sus dos primeros meses. Ante clientes y amigos de la marca, invitamos a Daniel Mansuy y Patricio Fernández a conversar sobre el primer tiempo de la administración de José Antonio Kast y sus desafíos.
Hay una idea instalada en la política: durante los primeros 100 días de un gobierno, la disputa central no es por los resultados, sino por la narrativa. Desde esa lógica, medir una gestión que apenas lleva dos meses sería apresurado. Sin embargo, sí es posible analizar las señales que empieza a emitir, dialogar sobre ellas y plantear interrogantes.
Para ahondar en esta discusión respecto del recién asumido gobierno de José Antonio Kast, Parla en su aniversario número 11, reunió a dos de los analistas más agudos del panorama nacional: Daniel Mansuy, académico de la Universidad de los Andes, conductor del podcast Réplica y panelista de Tolerancia Cero; y Patricio Fernández, periodista, fundador de The Clinic, exconstituyente y autor de Sobre la marcha.
En una conversación profunda y sin concesiones, ambos abordaron las dificultades del gobierno actual, el rol de la oposición, la fragmentación del sistema político y la urgente necesidad de reencontrar un propósito país.
La conversación comenzó analizando el comportamiento de las últimas administraciones chilenas. Daniel Mansuy planteó una inquietud que cruza tanto a la centroizquierda como a la centroderecha: la aparente incapacidad de las coaliciones para aprender de los errores del pasado.
“Cada gobierno ha chocado con algo. Bachelet con la revolución pingüina, Piñera con el movimiento estudiantil, Bachelet II con reformas que no cuajaron, Piñera II con el estallido social y Boric con el plebiscito del 4 de septiembre. Todos se han visto condenados a gobernar a la defensiva y a esperar que el gobierno termine para entregar la banda”, comentó Mansuy.
Por su parte, Patricio Fernández apuntó a un rasgo común en los liderazgos que han emergido en los últimos años: la ilusión refundacional y la superioridad moral. Tanto el oficialismo actual como ciertos sectores de la oposición radicalizada han llegado al poder convencidos de la “inferioridad moral o la incapacidad” de quienes los antecedieron.
Uno de los puntos más críticos del debate fue la pérdida de relevancia de los partidos políticos tradicionales. Con un sistema electoral proporcional que fomenta la atomización, el Parlamento se ha transformado en un archipiélago de causas particulares.
Mansuy advirtió sobre el peligro de que la centroizquierda y el centro político queden fuera del tablero político si no logran articular una propuesta cohesionada que compita con las fuerzas polarizadas. Sin embargo, el problema es estructural.
Fernández lo sintetizó desde una perspectiva global y tecnológica: “los partidos políticos en Chile hoy perdieron relevancia. Las organizaciones intermedias han caído. Si antes la representación tenía fuerza, era porque no había manera de que cada cual se manifestara por sí mismo. Hoy la tecnología lo permite. El ‘centro’ político es una abstracción total; la gente ya no se divide entre izquierda y derecha tradicional, sino en torno a pulsiones del momento”.
Una pregunta atravesó buena parte del diálogo: ¿qué propósito común articula a Chile en este momento? Si en los años 90 el país se reconocía en una narrativa compartida —consolidar la transición y dejar atrás la pobreza—, hoy esa brújula parece haberse extraviado entre debates acotados a lo técnico, como la reducción de impuestos o la permisología, sin un horizonte que les dé sentido.
Para Fernández, las respuestas a futuro no vendrán necesariamente de las recetas ideológicas del siglo XX, sino de la capacidad de la sociedad para adaptarse a los cambios tecnológicos y a las nuevas realidades migratorias y laborales
El desafío para quienes aspiren a gobernar no será simplemente ganar elecciones “en contra de un monstruo” (sea este el comunismo o la extrema derecha), sino tener la templanza y el diseño político para construir mayorías estables en un Chile profundamente fragmentado.
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